Cosas necesarias para la edificación, la unidad y el perdón.

No basta el celo que tengamos por la sana doctrina, ni el conocimiento de ella para exponer el error, ni nuestros buenos motivos para trabajar por la unidad dentro de la hermandad que es en Cristo. No basta la buena intención de querer llevarnos bien unos con otros y estar en paz. Para lograrlo realmente, la Palabra de Dios nos enseña que debemos tener también amor fraternal, ser misericordiosos, amigables, debemos aborrecer lo malo, seguir lo bueno, dar preferencia a los demás y respetarnos unos a otros, y ha de haber en nosotros un amor sin fingimiento (1 Pedro 3:8; Romanos 12:9,10). Si el ofensor se arrepiente debemos perdonar (Lucas 17:3) pero debemos ir y hablar con él con amor, sin rencor ni odio, “pues El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones (Proverbios 10:12; Santiago 5:20; 1 Pedro 4:8). Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua (Romanos 14:19).