Leyendo, Podemos comprender y venir al conocimiento de la verdad para ser salvos

Seguramente usted habrá escuchado a personas afirmar que uno puede hacer que la Biblia enseñe lo que uno quiera, y también que cada quien puede interpretar la Biblia a su manera. O que no es posible que comprendamos el mensaje de la Biblia.

1- Es posible que cada quien interprete la Biblia a su manera, y que pueda hacer que la Biblia enseñe lo que uno quiera. Pero ¿Tal cosa puede ser verdad? Realmente tal cosa es verdad, pero solamente cuando no se tiene un corazón bueno y recto. Tener un corazón bueno y recto es lo que exactamente Jesús requiere de todos (Lucas 8:15). Rectitud de corazón, es cosa requerida de toda persona que examina evidencias. La persona en la cual hay rectitud de corazón, no desvirtuará ni falseará la verdad, y por tener un corazón bueno, o bien dispuesto a aceptar la verdad, no irá en contra de ella.

Es necesario entonces tener un corazón bueno y recto para examinar las Escrituras, pero también se requiere de amar la verdad. El Apóstol Pablo en (2 Tesalonicenses 2:10) habla de quienes se niegan a amar la verdad y de cómo estos son presas fáciles del error que los arrastra con un poder engañoso, y todo el que se deja guiar por el error está expuesto a la perdición.

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Si alguien ama la verdad, querrá saber de ella y examinar las evidencias presentadas con un corazón bueno y recto. El apóstol Pedro dice que en obediencia a la verdad purificamos nuestras almas (1 Pedro 1:22). En la verdad somos santificados, y esa verdad es la palabra de Dios (Juan 17:17), palabra que es predicada por medio del evangelio (Efesios 1:13), y que tenemos hoy en las páginas del Nuevo Testamento. La fe que agrada a Dios se basa en lo que la palabra de Dios dice (Hebreos 11:6; Romanos 10:17). La palabra de Dios es la evidencia que prueba aquello que creemos y no las tradiciones y enseñanzas establecidas por los hombres a través de los siglos.

2- ¿Es posible que todos comprendamos el mensaje de la Biblia? El apóstol Pablo escribe a Timoteo diciéndole que “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16,17). Dios es quien ha dado su palabra, él la reveló por medio del Espíritu Santo y hoy la tenemos en la Biblia, ella es la palabra revelada de Dios, es la verdad, y es el deseo de Dios que tengamos de ella conocimiento para poder ser salvos (2 Timoteo 2:4).

Lamentablemente hay quienes quieren hacernos creer que no podemos comprender las Escrituras al leerlas, que necesitamos de un “cuerpo magisterial”, pero el apóstol Pablo no está con ellos en esto, él dijo a los Efesios de la siguiente manera: “En vista de lo cual, leyendo podréis comprender mi discernimiento del misterio de Cristo,” (Efesios 3:4). Los efesios al leer, podían comprender lo mismo que el apóstol Pablo comprendía del misterio de Dios que a él le fue revelado, solamente los que no están con el apóstol Pablo en esto, afirman lo contrario.

Dios es luz (1 Juan 1:5), su palabra es luz (Salmos 119:105), y quiere que andemos en luz. Él no ha dejado su palabra para dejarnos en tinieblas, eso no va de acuerdo ni con su naturaleza ni con su propósito para con nosotros. Dios no es un Dios de confusión (1 Corintios 14:33). Por lo tanto Dios no ha dado su palabra para crear confusión. Dios no es el autor de la confusión religiosa que existe ahora. Dios ha dado su palabra para instruir en el camino de justicia a aquellos que vienen a su servicio, para capacitarlos para toda buena obra (2 Timoteo 3:16,17). Así que leyendo, todos podemos comprender y venir al conocimiento de la verdad para ser salvos (2 Timoteo 2:4).